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Newsletter - Marzo 2020 |
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Si levantásemos los ojos al Cielo... |
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[Tratamiento]
[Nombre] [Nombre2]:
Sería supérfluo decirle cúal es el tema que más está inquietando en estos días.
La preocupación del Gobierno es notable
y meritoria, las medidas de prevención que día a día nos llegan de
bancos, comercios, isapres, etc., se multiplican. Incluso las de la
Jerarquía eclesiástica que -por desgracia- decidió cancelar misas,
sacramentos, etc.
Hay un problema, sí, que poco se ha levantado:
el de la Fe y el recurso a Dios, de tal modo que podría tenerse la
impresión de que estamos dejados a nuestra "suerte".
En realidad nada más falso. Dios está muy
paternalmente vuelto hacia nosotros y extremamente atento a todo lo
nuestro. Infelizmente somos nosotros quienes lo tenemos en el olvido y
poco nos acordamos de recurrir a El. En otros tiempos como en el
Terremoto de 1600 y tanto había procesiones en Santiago pidiendo la
ayuda del Cielo. Y los terremotos cesaron...
Si damos la espalda a Dios, Dios nos dejará
apenas con las medidas de salud pública, lo cual es tan poco...
Por eso creo que sería especialmente urgente
que en medio de todas estas tribulaciones hiciésemos un alto en el
camino, refllexionásemos y grabáramos muy a fondo en nuestros corazones
aquella idea de: "¡Si levantásemos los ojos al Cielo...!
Le saluda
cordialmente,
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en [PREFERENCES]
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El coronavirus, un llamado a la confianza en Dios
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En
tiempos de calamidad, las oraciones de comunidades enteras pueden ser
elevadas pidiendo a Dios que venga en ayuda de una sociedad pecadora
que necesita Su misericordia.
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Esta
crisis amenaza con ir más allá de la crisis de salud y desbaratar la
economía mundial. Debemos, por lo tanto, preguntar por qué Dios es
reemplazado, ignorado y desterrado cuando más necesitamos de su
auxilio, ya que solo El puede salvarnos de este desastre.
Recurrir a Dios no significa ofrecer una oración simbólica o celebrar
una procesión con la esperanza de volver a la vida de pecado y placeres
intemperantes. En cambio, debe consistir en una oración sincera,
sacrificio y penitencia como la solicitada por Nuestra Señora en Fátima
en 1917.
Lamentablemente, hay quienes en la Iglesia van más allá de lo que piden
los gobiernos. Privan a los fieles de los sacramentos, exactamente
cuando más los necesitan.
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