[Tratamiento]
[Nombre] [Nombre2]:
Vemos cada día con más consternación la situación de gravísima crisis que atraviesa la Santa Iglesia. Manos
externas, declaradamente enemigas, o manos internas supuestamente
"amigas" pero siniestras, día a día intentan demoler algo más del
Edificio sacrosanto del Cuerpo místico de Cristo. So
pretexto de abusos inmorales ‒repugnantes y execrables por cierto‒ se
comienza a decir que hay que renovar la Iglesia, pleiteando la mayor
participación de la mujer en la Iglesia; ordenación de diaconisas, e
incluso la ordenación de mujeres al sacerdocio. Por otro lado, también
la ordenación de hombres casados. También se deja entender que la
Iglesia la debemos conducir entre todos, o lo que sería lo mismo
sujetarla a una democratización, idea que no es nueva, pero cuyos
funestos efectos hoy en día ya experimentamos ampliamente. Igualmente,
en algunos lugares, se comienza a dar la Comunión a divorciados
"recasados", a protestantes, a dar bendiciones en parroquias a parejas
homosexuales e incluso la Sagrada Comunión. En
Australia, las autoridades civiles quieren obligar a revelar el secreto
de confesión en materia de pedofilia para "colaborar" con la Justicia. En fin, la lista podría continuar, pero sería demasiado larga... Este conjunto de hechos destruiría cualquier institución, pero no a aquella sustentada por las promesas del propio Dios. Reciba un cordial saludo.
Luis
Montes Bezanilla
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