[Tratamiento]
[Nombre] [Nombre2]:
La vida diaria como la conocimos,
desapareció. La desconfianza y la distancia en las relaciones humanas se han
vuelto norma de la vida. A veces tenemos la sensación de encontrarnos en otro
planeta.
Nuestra confianza en los científicos y el
apego a la vida nos ha llevado a lo que Aldous Huxley, en su famosa novela de
ficción “Un mundo feliz”, describió en
1931 como:
"La dictadura perfecta tendrá la
apariencia de democracia, una prisión sin muros en la que los prisioneros nunca
soñarán con huir. Un sistema de esclavitud donde, gracias al consumo y la
diversión, los esclavos amarán su esclavitud."
En nuestro caso no se trata del consumo ni
de la diversión, sino del instinto de conservación azuzado por una campaña publicitaria
omnipresente. Ella nos presenta a los científicos como oráculos infalibles
capaces de eliminar un virus del cual desconocen casi todo.
Las continuas contradicciones en las que
caen no nos hacen dudar de ellos. De este modo, aceptamos con sumisión una
cuarentena ilimitada, que nos llevará con certeza a un caos económico y social
sin precedentes.
Por otra parte, y es la más importante, el
clero ha tomado la delantera abandonado a los fieles, privándolos de los
sacramentos y de la asistencia religiosa. Después de esta “cuarentena”
religiosa, ¿qué quedará de la escuálida práctica religiosa existente en nuestro
País?
Se repite con insistencia que el mundo que
surgirá después de esta pandemia no será el mismo. ¿Qué podemos esperar que
suceda?
Les recomiendo especialmente la lectura
del artículo que encabeza esta Newsletter.
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