La
lucha actual no es solo ideológica, sino existencial. El ataque
posmoderno a Occidente ha logrado corromper sus fundamentos culturales,
sociales y, sobre todo, sus certezas.
Mientras se cuestiona todo, desde la historia hasta los principios que
nos han guiado por siglos, el peligro se agrava: una sociedad sin
certezas es una sociedad vulnerable.
La pérdida de estas certezas fundamentales no solo debilita nuestra
cohesión, sino que amenaza con fragmentar nuestra sociedad de manera
irreversible.
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En un contexto global cada vez más dividido, Occidente está siendo
atacado desde todas las direcciones.
La izquierda ve en sus tradiciones una representación del patriarcado y
el orden social que deben ser destruidos, mientras que ciertos sectores
de la derecha, cegados por una crítica al liberalismo y el secularismo,
rechazan los mismos valores que sustentaron su grandeza.
Sin embargo, este ataque tiene un componente mucho más profundo y
peligroso: la destrucción de las certezas fundamentales que sostienen
nuestras sociedades.
La posmodernidad y sus narrativas alternativas buscan cuestionarlo todo, incluso nuestras propias raíces cristianas.
Es hora de reflexionar sobre cómo estamos viviendo este proceso y qué está en juego para el futuro de nuestras civilizaciones..
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